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“Desde la culpa no se puede construir nada”

Publicado: 08 / 07 /2024


El Holocausto y la barbarie nazi durante la Segunda Guerra Mundial han sido temas muy explorados por el arte y la narrativa en las últimas décadas, pero no hay tantos trabajos que exploren la culpa colectiva del pueblo alemán ante el ascenso de Hitler y el genocidio de más de seis millones de judíos. Desde un punto de vista familiar e íntimo, mediante la acumulación de pequeñas anécdotas, la alemanomallorquina Anna-Lina Mattar (Colonia, 1993) ha realizado un cómic que aborda ese complejo de culpa desde las conversaciones con su padre: El anillo de la serpiente (Garbuix Books, 2024).

Mattar, que además de ilustradora es licenciada en Sociología, ya publicó una novela gráfica, junto a Gala Rocabert Navarro, que fue merecedora del Premio Fnac/Salamandra: En el ombligo (Salamandra Graphic, 2021), sobre la reconstrucción de la paz en Colombia y la reinserción de las guerrillas. Esta nueva obra también aparece en el mercado amparada en un concurso, en este caso, el Premio Valencia de novela gráfica de la Fundació Alfons el Magnànim, un certamen al que Mattar recomienda presentarse, en conversación con este medio: “Está muy bien. Presentas una parte de la obra y, si ganas, te dan un plazo para desarrollarla completa. En mi año se presentaron solo diecisiete personas, que no son muchas”. De hecho, en la edición de los galardones de 2024, la categoría de cómic fue declarada desierta.

La génesis de la obra

Todo comenzó, según confiesa la autora, de un modo muy orgánico. “Hice primero un cómic corto sobre la historia del anillo y mi abuela que da título a la obra”, explica Mattar. En ella, se cuenta cómo su abuela encontró fortuitamente un anillo con una serpiente labrada dentro de un sofá, que los americanos desecharon de algún edificio público cuando ocuparon Alemania. “Le enseñé a mi padre esta historia y él empezó a contarme más cosas. Y yo pensé que quizás había ahí una obra larga. Iba dibujando lo que me contaba, se lo iba enseñando, me contaba más cosas… Ha sido como una conversación entre los dos”, describe.

Una conversación que no ha sido nada fácil. “Tengo 33 años y es la primera vez que hablo con mi padre de todo esto”, reconoce Mattar. “Ha sido complicado, sobre todo porque a mi padre le cuesta hablar de la Segunda Guerra Mundial. De su madre sí podía hablar, pero no del Holocausto. Pero es verdad que, a partir de la pequeña anécdota del anillo, que se había contado en mi casa miles de veces, se abre un hueco por el que empezar a tirar e investigar qué pasó con mi familia en esa época”. Pese a creer que el libro ha ayudado a ambos, padre e hija, la autora no sabe aún qué piensa él de su obra: “Creo que lo está digiriendo aún”. Pero sí cree que puede estar ahora más en paz con el pasado: “Siento esto, lo he explicado y lo cierro”.

Las consecuencias de la culpa

El anillo de la serpiente hace pensar casi desde sus primeras páginas en el concepto de la postmemoria acuñado por Marianne Hirsch, que alude al impacto que tiene el trauma de una generación en las siguientes. Al respecto, Anna-Lina Mattar considera que los recuerdos de sus progenitores han sido muy importantes en su vida: “Quizá porque los únicos alemanes con los que yo me relaciono son mi padre y mi madre, y mi padre tiene todo esto muy grabado. Mi madre no tanto, no sé por qué, quizás lo ha trabajado de otra manera”. Pero Mattar, en realidad, se ha criado fuera de Alemania y no tiene un vínculo muy estrecho con el país.

“No he viajado mucho allí. Cuando mis abuelos estaban vivos íbamos más, pero ahora hace mucho tiempo que no voy. No he vivido nunca en Alemania ni tengo mucho arraigo. No me siento parte de su historia nacional. Pero en realidad no me siento parte de ninguna”, afirma. Esa distancia, en su opinión, la hace reflexionar más “acerca de qué significa ser alemán, esta identidad nacional”.

La culpa colectiva de la sociedad alemana está muy presente, y la autora la percibe claramente en la historia y los recuerdos de su padre. “Es la propia Alemania la que ha inculcado esto”, afirma. “Desde la culpa no se puede construir nada. Creo que es una responsabilidad que se siente, pero me parece extraño sentir responsabilidad sobre los actos concretos de una gente que no soy yo y con la que no tengo nada que ver. Sí que puedo sentir una responsabilidad con la memoria, con cómo la explicas y cómo la interpretas”, reflexiona Mattar.

“A veces he pensado qué habría hecho yo, que no sé si es una reflexión muy útil”, explica la dibujante. “Supongo que pensaría en sobrevivir y en cuidar de los míos. Y luego, si puedes, haces algo por ayudar, a veces cosas pequeñísimas, pero que pueden cambiar algunas cosas”, continúa. No obstante, la autora es consciente de que “la responsabilidad individual se desdibuja totalmente en una situación así”.

Una de las consecuencias de esa culpa nacional es la adhesión y defensa de la posición de Israel en el conflicto palestino, que ha llevado en los últimos meses a las autoridades alemanas a impedir manifestaciones o a censurar actos a favor de Palestina, como sucedió cuando impidió la entrada en el país de Yanis Varoufakis. “Por mucho que se repita aquella frase de ‘esto no puede volver a pasar’, sí puede volver a pasar algo así”, afirma Mattar, que ve muy mal la posición alemana: “Hay una incapacidad para entender que una cosa no tiene que ver con la otra; es sorprendente”.

Referentes en la novela gráfica

El anillo de la serpiente es un cómic atípico, sin viñetas ni bocadillos convencionales. “Creo que eso tiene que ver con que trabajo mucho en ilustración y, concretamente, en álbum ilustrado, y me siento más cómoda en un formato que no es el del cómic tradicional”, explica Anna-Lina Mattar. Sin embargo, la autora reconoce muchos más referentes en el cómic que en cualquier otro medio.

Además del inevitable Maus: Relato de un superviviente (1981-1991) de Art Spiegelman, y de las obras del español Paco Roca, la dibujante declara que Heimat. Lejos de mi hogar (2020), de la alemana Nora Krug, le gustó mucho, algo poco sorprendente, ya que dicho libro también explora el pasado alemán y la culpa colectiva ante el Holocausto. Sin embargo, a diferencia de Krug, cuando Mattar tiene que introducir documentos, objetos o fotografías los dibuja en lugar de usarlos directamente: “Creo que no lo hago como ella para mantener el tono gráfico de la obra. Pero también porque en mi caso son pedazos cortos de historias que se van enlazando, e introducir cosas diferentes en medio me parecía raro”, explica la dibujante.

La autora manifiesta que está contenta con la acogida de su obra hasta el momento. “Hay interés por el tema —asegura—, a pesar de que sucediera hace 80 años. Estamos en un momento en el que es muy importante conocer el pasado e intentar que no se repita. Mucha gente, cuando lo lee, me empieza a contar la historia de sus abuelos, o me dice que le ha movido a preguntarles. Me parece genial que anime a la gente a investigar en su pasado familiar”, valora. Aunque todavía en una fase muy embrionaria, la artista ya tiene algunas ideas para nuevos libros, que seguirán por la línea de la no ficción y la investigación. Confiesa que la promoción de El anillo de la serpiente de momento está acaparando su tiempo. Y, aunque es pronto para ediciones internacionales, cuando se le pregunta a Anna-Lina Mattar por ellas responde sin dudar: “Me encantaría que se publicara en Alemania”.



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