gestos y pulso ideológico entre los líderes de Occidente « Diario La Capital de Mar del Plata

Publicado: 15 / 06 /2024


Por Marta Rullán, Beatriz Pascual y Gonzalo Sánchez

BARI, Italia.- Giorgia Meloni ha pasado de tener que renegar del fascismo para tranquilizar a sus socios de Italia poco antes de llegar al poder hace dos años, a recibir a los grandes líderes del G7 en casa, en una cumbre repleta de gestos y diplomacia en la que, sobre todo, ha logrado plasmar parte de su ideario.

“En estos días Italia ha estado en el centro del mundo. Me siento orgullosa de que nuestra nación haya logrado sorprender y marcar una dirección”, ha celebrado la primera ministra ultraderechista.

Meloni ha sido la flamante anfitriona de la cumbre en la que los líderes del G7, el grupo de democracias más avanzadas del planeta (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido), repasan cada año la enrevesada geopolítica global.

Todo ha transcurrido en ‘Borgo Egnazia’, un lujoso y amurallado hotel de piedra entre olivos centenarios en la región italiana de Apulia (sur) elegido por ella misma durante unas vacaciones.

Los dominios de este idílico ‘resort’ han acogido al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el francés, Emmanuel Macron, así como a los primeros ministros de Canadá, Justin Trudeau, o Reino Unido, Rishi Sunak, entre el resto de miembros de este selecto club.

Meloni llegaba a la cumbre reforzada tras las pasadas elecciones europeas, vestida con tonos pastel y visiblemente relajada, al contrario que muchos de sus socios: Biden persigue una difícil reelección, Macron y Sunak afrontan unas elecciones vitales en sus países, a Scholz le han adelantado los ultras y hasta el discreto primer ministro japonés, Fumio Kishida, atraviesa turbulencias.

Ella sabía que se trataba de una cita importante para su carrera y por ello ha optado por darle un toque muy personal, con un sello ciertamente conservador, inspirado en el valor de la “identidad”, como ella misma ha defendido. Basta pensar que ha conseguido por primera vez la asistencia de un papa, Francisco.

Uno de sus invitados personales fue el presidente argentino, Javier Milei, nuevo icono de la ultraderecha mundial. Fue con este con quien más química desprendió, recibiéndole a las puertas del hotel, entre abrazos y chascarrillos inaudibles que la hicieron reír.

Poco después, Meloni italianizó el lema de su amigo argentino: “Viva la libertà!”, escribió en la red social X.

Esta también ha sido una cumbre de imágenes, como la de los paracaidistas asombrando a los líderes desde el cielo de Apulia o la de Trudeau o Sunak recorriendo el campo de golf del ‘resort’ a bordo de minúsculos coches históricos de la casa Fiat.

Pero también de muchos gestos, como el de la primera ministra recibiendo al helicóptero del papa y montando después con él en un coche de golf, por sus problemas de movilidad, o avisando a Biden, con un sutil toque en el brazo, de que era hora de una foto de familia, cuando este permanecía distraído con una exhibición aérea.

La italiana además se divirtió revalidando el ‘Melodi’, un curioso fenómeno social en India que, desde la cumbre del G20 en Nueva Delhi el año pasado, bromea con una supuesta relación entre ella y el primer ministro de ese país, Narendra Modi, otro invitado al G7.

“Hola del equipo ‘Melodi’”, dice ella en un vídeo con su colega, ambos riéndose.

Pero la cumbre de ‘Borgo Egnazia’ también fue un inesperado damero ideológico a costa del aborto, con visiones tan contrapuestas como la de la conservadora Meloni, la de Macrón, que lo incluyó en la Constitución francesa o la de Biden, que ha hecho de ese derecho su bandera electoral.

La decisión fue salomónica: en la declaración final no hubo rastro de la palabra de la discordia, pero los líderes revalidaron su apoyo al texto del año pasado de Hiroshima, que sí la dejaba por escrito.

Meloni aseguró en la rueda de prensa final que no se aludió a la palabra porque ya se había escrito en 2023, para no hacer el texto “inútilmente repetitivo”, y denunció una “polémica artificial”.

Sin embargo, el pulso quedó revelado por un cruce de reproches con Macron y un gélido saludo entre ambos entre los muros de roca de un castillo, en la cena de gala (la severa mirada de ella a su “socio” corrió como la pólvora en las redes sociales).

Al final el mandatario francés, asediado por la ultraderecha en su país, trató de limar asperezas: “No hay polémica, no exageremos. Conocemos nuestros desacuerdos, que existen”, amainó.

Mientras las negociaciones del G7 todavía humean sobre las copas de los olivos de ‘Borgo Egnazia’, queda por ver cuánto durará esta ‘pax’. La siguiente pantalla será el reparto de los altos cargos de la Unión Europea tras los comicios y Meloni jugará sus cartas.

EFE.





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