¿Por qué Francia hace segunda vuelta en las elecciones? Así es el sistema que perjudica las opciones de la extrema derecha

Publicado: 07 / 07 /2024


Una mujer vota en la primera vuelta de las elecciones legislativas en Francia. (Yara Nardi/Reuters)
Una mujer vota en la primera vuelta de las elecciones legislativas en Francia. (Yara Nardi/Reuters)

Francia vota este domingo en la segunda vuelta de las elecciones legislativas para elegir a los 577 diputados que formarán la próxima Asamblea Nacional. El partido de extrema derecha Agrupación Nacional -liderado por Marine Le Pen y Jordan Bardella, el aspirante a primer ministro- lidera las encuestas para conseguir el mayor número de escaños, pero los últimos sondeos lo sitúan lejos de los 289 necesarios para la mayoría absoluta.

Sin embargo, digan lo que digan las encuestas, la verdad es que puede pasar de todo: el sistema electoral francés a dos vueltas provoca que entre una primera votación y la siguiente se hagan múltiples alianzas y combinaciones que cambian el resultado previsto. Es un juego complejo que hace que no exista una sola elección, sino 577: una por cada circunscripción en la que se elige un diputado. Pero, ¿cómo funciona este sistema y por qué existen dos vueltas en Francia?

El sistema electoral francés se diseñó para buscar la estabilidad política, un objetivo en el que no siempre ha tenido éxito, como prueba la situación actual. Su origen se remonta a la promulgación de la Constitución de la Quinta República en 1958, el régimen que sigue en vigor. Francia llevaba años de crisis políticas, con gobiernos inestables y efímeros. La Cuarta República, establecida en 1946, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se caracterizaba por un sistema parlamentario fragmentado que dificultaba la formación de gobiernos duraderos.

Para superar esta situación, la Quinta República implementó una nueva estructura política que fortalecía el poder ejecutivo, especialmente el rol del presidente de la República, que ostentaba en ese momento el general Charles de Gaulle -el impulsor de esta nueva Constitución- y que establecía un sistema de dos vueltas para las elecciones tanto presidenciales como legislativas: en teoría, facilitaba la formación de mayorías absolutas en la Asamblea Nacional y que los ganadores siempre cuenten con un amplio respaldo popular.

Así, la primera vuelta sirve para medir el apoyo inicial de cada candidato. Para ganar directamente en esta ronda, un candidato necesita obtener más del 50% de los votos. Si lo logra, no es necesaria una segunda vuelta. Pero si ningún candidato alcanza esta mayoría, se procede a una nueva votación.

En la primera vuelta de las elecciones del domingo 30 de junio, de los 577 escaños en juego, sólo se eligieron 76, que lograron ese requisito de tener más del 50% de los votos. De esa cifra, 39 fueron para Agrupación Nacional, la formación de Marine Le Pen, 31 para el Nuevo Frente Popular, 2 para Ensemble (el partido de Macron) y 4 para varios grupos minoritarios. Es decir, este domingo todavía hay que elegir 501 diputados.

Un cartel que indica la dirección de un colegio electoral en Nantes. (Violeta Santos Moura/Reuters)
Un cartel que indica la dirección de un colegio electoral en Nantes. (Violeta Santos Moura/Reuters)

En la segunda vuelta, solo pueden presentarse los candidatos que hayan quedado en primer lugar durante la primera vuelta, y aquellos que hayan obtenido un número de votos al menos igual al 12,5% de los electores inscritos en esa circunscripción. En muchos casos, sólo pasan dos candidatos a la segunda vuelta, pero también sucede a menudo que lleguen tres, en lo que se llama “elección triangular”.

Por eso, de cara a esta segunda vuelta, tanto la izquierda como la formación de Macron pidieron a los candidatos de sus partidos que hubieran quedado terceros que se retiraran, para evitar ‘pelearse’ entre sí y restarse votos frente a la extrema derecha. Siguiendo esta llamada, más de 200 candidatos no se han presentado a la segunda vuelta. (Ahora está por ver qué pasará y si realmente los votantes de izquierda optarán por el candidato de Macron, a quien detestan, y los votantes de centro elegirán al candidato de izquierdas, todo con el objetivo de evitar que gane Agrupación Nacional).

En la segunda vuelta, el ganador es elegido por mayoría simple: basta con obtener un mayor número de votos que los competidores. En caso de empate -y esta es una de las mayores curiosidades del sistema francés-, se elige al candidato de mayor edad.

Más de 200 candidatos renuncian a participar en la segunda vuelta

Este sistema a dos vueltas permite a los votantes expresar su verdadera preferencia en la primera ronda, sin temor a dejarse llevar por el “voto útil”. Los ciudadanos pueden apoyar a candidatos minoritarios o de nicho. En la segunda vuelta, el mecanismo garantiza que el eventual ganador tenga un respaldo mayoritario significativo, lo que fortalece su legitimidad política.

En la práctica, hasta el momento el sistema ha impedido acceder al poder a la formación de los Le Pen. Jean-Marie Le Pen, el fundador del partido, llegó a la segunda vuelta en los comicios presidenciales en 2004. En ella, sin embargo, todo el mundo que no era del Frente Nacional, fuera de derechas o de izquierdas, votó contra él y Jacques Chirac obtuvo un 82% de los sufragios. Algo similar ha ocurrido más tarde con su hija Marine en dos ocasiones, aunque la brecha en la segunda vuelta se ha ido reduciendo: en 2017, Macron se llevó el 66% de los votos frente al 33% de Le Pen; y en 2022, fue un 58.5% contra un 41.5%.

Ahora, el partido de Le Pen viene de arrasar en los comicios europeos, y tiene a su alcance llegar al Gobierno por primera vez en su historia. Si la segunda vuelta vuelve a ser un obstáculo en su camino, se sabrá este domingo.





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