¿reconocimiento, tendencia o nada nuevo bajo el sol?

Publicado: 12 / 02 /2022


Festival Poesa Ya en el Centro Cultural Kirchner Foto Ral Ferrari
Festival Poesía Ya! en el Centro Cultural Kirchner. Foto: Raúl Ferrari.

En los últimos años la palabra poesía, esa «pequeña voz del mundo» al decir de Diana Bellessi o ese género difícilmente ajustable a una definición, se escucha en circuitos donde solía estar relegada: si en 2020 destacados poetas fueron reconocidos con los principales premios literarios internacionales, en los meses que siguieron hubo profusión de festivales y de canales de difusión, nacieron premios y el género trenzó su especificidad con las nuevas tecnologías pero ¿puede decirse que está viviendo un tiempo de expansión, que crece, está en alza? ¿Hasta qué punto la poesía admite ser leída desde lo concéntrico si ella misma habita en los márgenes?

Para Cristian Wachi Molina, poeta e investigador de literatura, instalado en Santa Fe e invitado en estos días al Festival Poesía Ya! en el Centro Cultural Kirchner, «hay un notable retorno a escena de lo que seguimos llamando poesía sin ponernos de acuerdo, afortunadamente, sobre qué es. Eso es visible en los festivales, en la proliferación de editoriales pequeñas especializadas en el género y en la aparición de obras poéticas en editoriales medianas y grandes. Digamos que, en el mercado, hay una notable apuesta por su publicación», sostiene en diálogo con Télam.

«No sé si la poesía goza de un espacio de expansión o lo es ella misma, contaminante de todas las artes. Lo poético es un estado de las cosas, un clima que se hace poema, o canción, cuadro, perfo»Gabriela Borrelli Azara

«Pero más allá de esto -advierte-, hay que señalar cómo los lectores difícilmente hoy tengan un consumo genérico. Hubo un tiempo en que los lectores de narrativa se declaraban no lectores de poesía, por varias razones, desde las ideológicas a la careteada, pero esa pose provocativa dejó de ser, con el tiempo, tal, con la notable hegemonía que la narración ostentó hace un tiempo. A la vez, a diferencia de la narración, la poesía encuentra muchas más plasticidades con los cruces transdisciplinarios que, en un momento donde los límites entre géneros y disciplinas se desdibujan, aporta una potencia a la escritura que aún llamamos poética, que no es idéntica a la de la narración».

Diana Bellessi en el Festival Poesa Ya Foto Ral Ferrari
Diana Bellessi en el Festival Poesía Ya!. Foto: Raúl Ferrari.

A Gabriela Borrelli Azara, directora del encuentro poético en el CCK, le gusta pensar en una «continuidad, una insistencia que por momentos encuentra su río. Tal vez este sea uno de esos momentos» sugiere. Y agrega: «No sé si la poesía goza de un espacio de expansión o lo es ella misma, contaminante de todas las artes. Lo poético es un estado de las cosas, un clima que se hace poema, o canción, cuadro, perfo. Atraviesa lo artístico y lo único que podemos marcar son nodos, llamados festival, lecturas, libros, premios. Sin duda, la especificidad de la poesía dentro de lo literario festeja que se alumbre a producciones que no suelen alcanzar visibilidad como los premios o este festival».

Si lo que podemos llamar auge lo define el pulso internacional de los principales premios -en 2020, el Nobel se lo llevó Louise Glück, el Asturias Anne Carson y el Cervantes Francisco Brines; en 2021 el Cervantes repitió la fórmula y fue para Cristina Peri Rossi-, la poesía entonces sí vive ese tiempo en el centro, y acaso su lugar esté vinculado con la irrupción de la pandemia y la pregunta por el sentido poético de la vida porque es allí donde el género logra quebrar con lo real, desarmar la lengua hasta volverla inquietante, perturbadora y bella.

Louise Glck Nobel de Literatura en 2020
Louise Glück, Nobel de Literatura en 2020.

Pero como todo auge, en tanto período de elevación, no es más que el recorrido insistente del que habla Borrelli Azara, la tenacidad de poetas, gestores, editores y lectores contra los parámetros de lo que vende, lo que está de moda, la apuesta constante que en nuestro país sostienen muchísimas editoriales especializadas en publicar poesía.

Detrás de Caleta Olivia, uno de esos sellos que cultivan el género, está el editor Pablo Gabo Moreno para quien «hay premios pero no hay fomentos. Los premios no sirven y los festivales son saludables pero también hay expansión en las ferias independientes, donde prevalecen políticas para favorecer el progreso a la producción y difusión. La palabra tendencia no debe aplicarse a la poesía pero se usa mucho. La resonancia viene por añadidura, no hay que provocar nada».

«La poesía no vende» integra el repertorio de frases enunciadas por editores y poetas para dar cuenta del desplazamiento del género literario en los principales circuitos de publicación editorial. Pero ¿sigue siendo válida aquella definición de que vende poco o es un género poco leído? «Es una realidad -responde Moreno-. Al sistema no le interesa la poesía. No hay status y cuando mejor se entendió ese concepto mejor se escribió tiempos atrás, donde no se exacerbaba por que no había plataformas digitales».

En cambio, para Borrelli Azara lo del género sin lectores es «una leyenda mentirosa», lo de la venta no sabe. «El mercado editorial poético está marcado por lo independiente. Son las editoriales independientes las que sostienen a viento y marea sus publicaciones, y son una parte fundamental de los movimientos estéticos en literatura. Las apuestas a escritores sin editar, la osadía de algunos libros, la creencia en una poesía, todo eso lo siento en lo independiente. La poesía circula, a veces vende, pero no deja de circular de instalarse en una lengua, de golpear con sus olas toda la orilla del lenguaje».

Molina también cree que es una mentira, incluso la «más absurda de la modernidad» y así lo justifica: «El propio Baudelaire quería vender sus poemas en el lugar del folletín. Le fue mal, pero ´Las Flores del mal´ se agotaron en sus ediciones y re-ediciones. En la contemporaneidad es más absurdo pensar que la poesía no vende: no existirían tantas microeditoriales que apuestan al género. Quizá no vende tanto como la narrativa, pero eso es otra cosa, aunque no estoy de acuerdo con esta afirmación tampoco».

Más allá de la rentabilidad, está ese universo de proyectos -sellos, encuentros, ferias- que difunden voces plurales, consagradas, iniciáticas, de distintos territorios y corporalidades en línea con la gran tradición del género que tiene nuestro país, sin embargo ¿esa frondosa producción rompe con la precariedad de la que ha sido víctima la poesía durante muchos años? «No me atrevería a decir que ahora se produce más que otras épocas. -dice Borrelli Azara- Lo que si podemos notar es un cambio de circulación y de visibilización, de emprendimientos, de colectivos a los que los inunda la alegría de armar lecturas o publicar libros, ¿algo más maravilloso? ¿algo que sea tan lo contrario al aislamiento? reunirse con otres, armar un plan para que un libro sea posible o simplemente una lectura suceda, me sigue emocionando que eso pase».

«En la contemporaneidad es más absurdo pensar que la poesía no vende: no existirían tantas microeditoriales que apuestan al género»Cristian Wachi Molina

Para Molina, lo «central de la eclosión de la poesía» en estos tiempos es, precisamente, su dimensión comunitaria: «Las redes que se tejen entre editores, poetas y lectores en la realización concreta de un libro, pero también en la puesta en común y circulación por ferias, ciclos y festivales, es una de las experiencias comunitarias más potentes de la literatura en el presente. Es decir, se genera comunidad, una que se sostiene en un estar en común sin hacer algo común del poema. Esa es la magia».

Sobre esta relación con el mapa actual de la poesía o de su circulación, el editor de Caleta Olivia piensa que «la tecnología no obliga a repensar la poesía en términos de una circulación que se hace mas caudalosa. La tecnología tiene la palabra y hacia allí emerge también la poesía pero el mapa es el mismo. La poesía no se coloca en un sitio meramente estético donde no se le haga una crítica al lenguaje y tampoco debe ponerse al pie del camino sino al costado», concluye.

Poesía, dispositivos y lenguajes hoy: una cartografía posible

En la medida que la plasticidad de la que goza la poesía le permite entreverarse con otros lenguajes y dispositivos, su potencia atraviesa otras disciplinas y territorios, ¿de qué modo se resignifica la poesía a la luz de intervenciones tan distintas como las redes sociales, la intimidad o la prosaica cultura del yo, lo sonoro o la experimentación con la palabra?

Si no es la poesía -es decir, quienes la escriben, la leen, la difunden y la ponen en movimiento- lo que está en auge porque ella habita en los costados, o -en todo caso- la eclosión de nodos que la tienen como protagonista es la continuidad de su insistencia ¿se puede pensar que lo que está en boga es la experimentación con o en el lenguaje, algo que se observa en una creciente producción de libros fronterizos donde más importa la posibilidad que supone el género de abrazar todos los formatos, todas las posibilidades? La respuesta de los tres consultados por Télam coincide en un posicionamiento crítico a la pregunta.

Gabriela Borrelli Azara, por ejemplo, piensa lo contrario. Para ella «está faltando esa experimentación con y en el lenguaje. Siguen estando en auge los estertores realistas emparentados con la literatura del yo o el testimonio y solo pocas expresiones, sobre todo narrativas, tensionan la lengua, intentan lo poético». Y en esto subraya «la relación íntima que lo poético tuvo últimamente en las luchas por la ampliación de derechos que se sucedieron: el feminismo, el ambientalismo, lo lgttb unido en sus expresiones políticas con lo poético. Todo eso convive, todo es parte de una misma lengua».

«Hay sí, dentro de la poesía como especificidad una convergencia de estilos, temáticas, publicaciones y un ímpetu que no deja de crecer. Por supuesto que la poesía es el lugar donde se quiebra siempre lo real o el lugar en el que lo real se agranda y profundiza. Aunque el poema sea anecdótico o testimonial, se enfrenta a aquello que lo convierte en un poema: la maravilla del corte de verso. La aparición de la belleza que permite ese corte abre lo poético, abre el mundo y una lengua. La exploración es la experiencia sobre ese corte y sobre las palabras que combinadas arman y desarman la realidad, la lengua en la que esa realidad es posible», dice la escritora, crítica y periodista.

En opinión de Cristian Wachi Molina, lo que ocurre es una «eclosión de los formatos y los encasillamientos disciplinares, y ahí la poesía encuentra mucho más fácil el terreno para su expansión. Nunca estuvo ajena al cruce con otros lenguajes. Pienso, por ejemplo, en la notable articulación entre música, teatro y poesía que recorrió la tradición occidental desde la antigüedad griega. O, en Argentina, esos inmensos poemas narrativos que trazan horizontes para el género como son ´La cautiva´, de Esteban Echeverría o ´Martín Fierro´, de Miguel Hernández. En pleno barroco centroamericano Sor Juana componía versos para el carnaval. En culturas milenarias como Japón o China, la poesía está unida, aún hoy, al dibujo caligráfico».

Por eso Molina no ve nada novedoso en el presente, en todo caso se trata de la «reconfiguración de una duración de lo que la poesía es o ha sido en la tradición mundial de las letras: la apertura a todas sus potencialidades en y con el lenguaje. Claro que lo que regresa no es lo mismo, no, porque actualmente, lo performático, teatral y las experiencias (no experimentaciones) con lo visual se dan en el marco de una cultura prosificada, espectacularizada y de la imagen», argumenta.

Por su parte, Pablo Gabo Moreno piensa que «el reflejo en nuevos usos literarios tiende a perder la verdadera esencia y todo es soslayable ante la urgencia de publicar». Categórico, asegura: «experimentación mata construcción. Hay mucha puesta en escena de poemas con demasiados compromisos estéticos y lo que puede llamarse auge a la larga se transforma en contenido efímero. La proliferación de gente que escribe en poesía en Instagram por ejemplo».

Si bien Molina advierte que no toda la poesía que se escribe está atravesada por el «fenómeno audiovisual», sí «por negación o por afirmación, la poesía forma parte de ese entramado de lenguajes audiovisuales. Los ciclos de lectura, los festivales, las publicaciones y promociones en redes sociales de los libros, hacen que la poesía atraviese esas experiencias».

Y ante eso, hay diferentes posicionamientos: «En mi caso, he sostenido que escribir poesía, hoy, no es solamente hacer un libro, aunque este sea importante; es más, siendo extremo, hoy la poesía no está solo en el libro. Hay un ida y vuelta entre la puesta en voz, la circulación y lo que decanta en libro. Algo completamente diferente al predominio textualista del pasado».

Para Moreno, «en un punto se somete a la poesía a esas prácticas en nombre de un acontecimiento cercano al de la conciencia conflictuada y con la herramienta del lenguaje, pero con convicciones que adolecen el verdadero trabajo de la palabra. Muy pocos poetas contemporáneos que han sostenido de un momento para acá su obra, lo han hecho por su gran fe en el lenguaje y aún con ingenuidad, con confianza en el trabajo, en lo que de verdad representa en términos de la poesía el discurso periférico como lugar privilegiado de la resistencia».

El cruce de lenguajes, de formatos, deformaciones o intervenciones es propio del arte y «lo poético atraviesa lo artístico», como sostiene Borrelli. Lo que si ocurre, dirá, es que «las temáticas pueden cambiar pero en el centro de lo poético anida la posibilidad de que esa pequeña voz del mundo que es la poesía de cuenta de lo más profundo o simplemente sea música vana, música porque si, como afirmaba Conrado Nalé Roxlo. Lo que no podemos es vivir sin poesía, sin abrazarnos a una palabra que calme, cure o simplemente no haga más que estar ahí y ser algo parte de nosotros mismos».





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