Del silencio de Parque Leloir al duelo colectivo: los últimos años del Indio y la despedida de una era

Publicado: 05 / 06 /2026

La muerte del Indio Solari, conocida este viernes por reportes coincidentes de medios nacionales, termina de cerrar una etapa que en rigor había comenzado a despedirse hace años. No fue una retirada abrupta. Fue un proceso. Un pasaje del centro del escenario al estudio, del cuerpo multitudinario al archivo, del recital al mensaje grabado, del mito activo al duelo anticipado.

Para medir el peso de esa última etapa conviene recordar primero quién era el hombre que se estaba replegando. Nacido en Paraná en 1949, criado en La Plata, formado entre escuela, Bellas Artes, gráfica, bohemia y contracultura, Solari llegó a la vejez con una obra gigantesca encima. Había atravesado la historia de Los Redondos, la ruptura de 2001, el renacimiento con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y una carrera solista capaz de sostener multitudes. Pero en algún punto la pelea dejó de ser solamente artística: empezó a ser corporal.

Las biografías de CMTV y Rock.com.ar coinciden en marcar un punto de inflexión durante la década pasada. En junio de 2015, en diálogo con Mario Pergolini, el Indio ya hablaba de “una enfermedad malvada” que debía ser tenida en cuenta. En marzo de 2016, durante un multitudinario show en Tandil, hizo pública la referencia al Parkinson. Esa escena quedó grabada en la memoria ricotera como uno de los momentos más conmovedores de su historia reciente: el hombre que había administrado el misterio durante décadas aceptaba exponer una fragilidad íntima ante más de 150 mil personas.

A partir de ahí cada aparición se leyó de otra manera. Ya no era solamente el cantante esquivo que se reservaba el derecho de hablar poco: era un artista midiendo sus fuerzas frente a una enfermedad progresiva. Y, sin embargo, no se retiró enseguida. Todavía quedaba Olavarría 2017. Lo que ocurrió esa noche es inseparable de cualquier balance serio sobre sus últimos años. El recital en el predio La Colmena fue leído por miles como una posible despedida y la convocatoria estalló por encima de los límites de seguridad. Rock.com.ar consigna que las primeras pericias hablaron de más de 400 mil personas en un predio habilitado para 155 mil. El saldo fue devastador: dos muertos, Javier León y Juan Francisco Bulacio, y una herida profunda en la historia del rock argentino.

Olavarría fue algo más que un desastre organizativo. Fue el momento en que quedó claro que la escala del fenómeno Indio desbordaba cualquier formato clásico de show y que las condiciones materiales para sostener esa experiencia habían cambiado de manera dramática. También fue, de hecho, su último recital presencial. Desde entonces empezó una etapa distinta: menos escenario, más estudio; menos multitud física, más intervención dosificada.

Lejos de quedarse inmóvil, Solari convirtió el repliegue en producción. En 2018 editó El ruiseñor, el amor y la muerte, un disco atravesado por el contexto de enfermedad tanto del propio Indio como del baterista e ingeniero Martín Carrizo. Rock.com.ar aporta un detalle muy humano y poco repetido: las grabaciones se organizaron en el estudio Luzbola de Parque Leloir con los integrantes de Los Fundamentalistas rotando de a uno, por separado, para registrar sus partes. La escena es poderosa porque invierte por completo la postal épica del estadio: el mito trabajando por capas, sosteniendo la obra en condiciones físicas mucho más adversas.

En paralelo fue apareciendo otro Indio: el archivista de sí mismo. CMTV reconstruye una secuencia de lanzamientos que entusiasma especialmente a los seguidores fetichistas. En 2021 estrenó con Los Fundamentalistas “Rezando solo” y “Encuentro con un ángel amateur”, además de publicar una versión en vivo de “Strangerdanger”. Ese mismo año liberó dos canciones históricas de la galaxia redonda que habían quedado fuera de Luzbelito: “Quema el celo” y “Rock de las abejas”. Para un público que vive de rastrear piezas laterales, descartes, versiones y registros inéditos, esos movimientos tuvieron el peso de una reapertura del archivo sagrado.

En 2022 sorprendió con otro gesto muy suyo: difundió la letra de una canción nueva llamada “De los cuadernos del entrerriano”, sin mayor aparato promocional que una imagen y la circulación inmediata entre fanáticos. Más tarde aparecieron los primeros materiales de El Mister y los Marsupiales Extintos: “Ken Kesey (scherzo)”, “Otra ruta desierta”, “De las ventajas de caminar dormida” y el tema “¿Acaso las gallinas ponen huevos?” bajo el seudónimo de El Cantante Tímido. El Indio parecía decir que, aunque el cuerpo limitara el directo, la usina de lenguaje seguía abierta.

En 2023 oficializó lo que el público ya intuía. CMTV reprodujo sus palabras con una franqueza brutal: el Parkinson progresaba y ya no quería estar “peleando ahí en el escenario”. Dijo que no quería convertirse en un “artista jovato” aferrado a un papel que su cuerpo ya no podía sostener con dignidad. La frase dolió, pero también tuvo una coherencia feroz con su ética. El Indio jamás cultivó la nostalgia fácil. Antes que degradar el rito, eligió retirarse.

Eso no significó desaparecer. En abril de 2023 empezó a liberar videos inéditos de River 2000, entre ellos “Juguetes perdidos” y “Motorpsico”, además de un registro de “Esto es to-to-todo amigos!” tomado en Tandil 2016. En julio de ese año lanzó nuevas canciones con El Mister y también material con Los Fundamentalistas, como “Amar…Sanar” y “La marcha que les debía”. En 2024 se cruzó con Wos en el single “Quemarás”, confirmando que incluso desde el repliegue seguía dialogando con otras generaciones del rock y la canción argentina.

La línea final de su vida pública tuvo, además, una veta visual muy fuerte. CMTV registra que en 2025 publicó “BRUTTO”, una serie de catorce obras de arte digital realizadas por él. El dato importa porque cierra un círculo con el joven fascinado por el dibujo y la plástica. Aun en el tramo final, cuando el cuerpo ya imponía otros ritmos, reaparecía el Indio visual, el que no se agotaba en la voz.

También persistió la relación con su público. La reconstrucción de CMTV menciona un mensaje emotivo enviado a los fans durante un show de Los Fundamentalistas en diciembre de 2025. Esa forma de presencia indirecta terminó definiendo su última época: ya no al frente del escenario, pero sí orbitando alrededor de su comunidad afectiva, dejando canciones, archivos, señales, visualizers, libros y mensajes.

Por eso la despedida de hoy no cae sobre un silencio total. Cae sobre una trama de retiradas parciales, pruebas de resistencia y pequeños regresos. El Indio se había ido y había vuelto muchas veces en formatos distintos. Se había hecho estudio, archivo, libro, pseudónimo y fantasma cordial. Tal vez por eso el duelo pega tan hondo: porque no se muere sólo el cantante de una banda histórica. Se apaga una forma de acompañar a su público incluso cuando ya no podía pararse frente a él como antes.

De Parque Leloir al duelo colectivo, sus últimos años también fueron una obra. Menos monumental en apariencia, pero llena de signos para quien sabe leerlos. En ellos hubo enfermedad, renuncia, archivo, belleza lateral y una obstinación por seguir creando. Esa es, quizás, la última gran lección del Indio Solari: aun al borde del retiro total, siguió encontrando modos de permanecer.

Fuentes consultadas