Bullrich y Villarruel sellaron una tregua en el Senado para destrabar la agenda libertaria
Publicado: 23 / 07 /2026
Victoria Villarruel y Patricia Bullrich se sentaron a solas en el Senado para bajar una tension que ya habia empezado a complicar la agenda del oficialismo. El encuentro duro poco menos de media hora, pero alcanzo para dejar una senal politica clara: en la cima libertaria nadie quiere que la interna siga devorando el tratamiento de las reformas que quedan para agosto.
La reunion llego despues del cruce por la ley de Tierras, de la filtracion de chats privados y de una serie de pases de factura entre las dos mujeres mas poderosas de la Camara alta. No hubo foto oficial del encuentro ni comunicado triunfalista. Hubo, en cambio, el intento de cerrar una tregua minima para evitar que el conflicto se traduzca en mas paralisis legislativa.
Que se hablo en el Senado
- La tension por la ley de Tierras y el proyecto de propiedad privada.
- La filtracion de mensajes privados entre ambas dirigentes.
- La necesidad de ordenar las sesiones que vuelven en agosto.
- El malestar por la forma en que se manejaron las ultimas diferencias internas.
El trasfondo es mas amplio que una simple discusion entre dos figuras del mismo espacio. Bullrich necesita mostrar que puede conducir el bloque y ayudar al Gobierno a sacar leyes. Villarruel, por su parte, conserva la llave de tiempos y formas en el Senado, y no esta dispuesta a quedar reducida a una mera espectadora de la estrategia libertaria.
Por eso el encuentro funciono como un pacto de convivencia, no como una reconciliacion. Ambas saben que el oficialismo llega al segundo semestre con una agenda pesada: propiedad privada, ley de Sociedades, zonas frias, super RIGI, salud mental y ludopatia, entre otros temas. Si la interna escala otra vez, el costo no sera solo interno: tambien puede trabar el ritmo legislativo que la Casa Rosada necesita para sostener su segundo tramo de gestion.
En ese tablero, la tregua es precaria pero util. No resuelve el choque de fondo, aunque si evita, al menos por ahora, que el Senado se convierta en un campo de batalla permanente entre dos dirigentes que se necesitan menos de lo que se toleran.
