Con el espejo de Ucrania, Georgia define en la guerra su nexo con Occidente y Rusia

Publicado: 28 / 05 /2022


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Foto: AFP.

La guerra en Ucrania impulsó a Georgia, otra exrepública soviética con dos territorios prorrusos que también estuvo en guerra con Rusia, a acercarse aún más a Occidente al reflotar los pedidos para ingresar a la OTAN y la Unión Europea (UE) y redefinir el «proceso de normalización» por el que estabilizó las relaciones con el Kremlin, pero al mismo tiempo motivó que una de estas regiones separatistas acelerara un referendo para anexarse a Moscú, previsto para julio y con muchas dudas en su concreción.

Ubicada en el Cáucaso y rodeada de dos grandes potencias en la región como Rusia y Turquía, Georgia consiguió su independencia en 1991 con la caída de la URSS, en un desmembramiento que revivió tensiones con las regiones de Osetia del Sur y Abjasia, que se opusieron a formar parte del nuevo Estado soberano.

Estos territorios contaron en 2008 con la ayuda del Kremlin (con Vladimir Putin entonces como primer ministro) para librar una breve pero sangrienta guerra que definió el estatus actual de la situación: Osetia del Sur y Abjasia se autoproclamaron repúblicas, no reconocidas por la comunidad internacional ni por Georgia, que inició un “proceso de normalización” con Rusia para mantener buenas relaciones con su poderoso vecino.

Meses antes del conflicto bélico, tanto Georgia como Ucrania contaron con el beneplácito de la OTAN para analizar sus posibles ingresos, algo que no avanzó en estos años pero que podría tomar un nuevo impulso con la invasión iniciada por Moscú el 24 de febrero pasado y la apertura de la alianza militar a sumar rápidamente entre sus filas a Suecia y Finlandia.

“Para Georgia este proceso es agridulce. Por un lado es una buena noticia la expansión de la OTAN a países neutrales y vecinos de Rusia, que hoy sienten una amenaza y no pueden sentirse seguros”, indicó a Télam Kornely Kakachia, director del Instituto de Política de Georgia, un think tank con sede en la capital Tbilisi.

“Por el otro, habrá que ver si tras sumar a Finlandia y Suecia la OTAN se quedará conforme con su status quo y entonces esta solicitud de Georgia puede volver a prolongarse, cuando el país merece ser miembro y de hecho ya lo es de facto porque contribuyó en muchas misiones”, contrapuso.

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El analista indicó que la variable para un escenario u otro dependerá de cómo termine la actual guerra, que según su mirada definirá los “objetivos geopolíticos” de Putin en la región.

“La gente entiende que hoy no solo se define la suerte de Ucrania, también la de otros países como Georgia”, afirmó, en un mirada que comparten unos mil compatriotas que pelean en la Legión Internacional que formó Kiev.

Esta presencia militar en realidad está activa desde 2014, con georgianos luchando contra Rusia y sus aliados en la región separatista del Donbass, en el este ucraniano, en lo que fueron los primeros combates del actual conflicto que se dirime en la misma zona.

La invasión a Ucrania también reafirmó las intenciones de Georgia de ingresar a la UE y el 3 de marzo pasado el primer ministro, Irakli Garibashvili, firmó la solicitud para obtener el estatus de candidato acelerado, algo que también hicieron Ucrania y Moldavia, pero que algunos miembros del bloque reconocieron que es difícil que ocurra en el corto plazo.

“Si se aprueba es una muy buena noticia, pero si no se otorga el estatus de candidato es un mensaje equivocado al pueblo georgiano y puede incluso incentivar a Rusia, que verá esto como una señal que Europa no quiere aceptar a estos países”, opinó Kakachia.

La guerra también incentivó al exlíder de Osetia del Sur, Anatoli Bibilov, a firmar un decreto días antes de dejar el poder con el que convocó un referendo el próximo 17 de julio para que esa región separatista decida su anexión a Rusia, tal como ocurrió con la península ucraniana de Crimea en 2014.

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«Es tiempo de unirnos de una vez por todas. Osetia del Sur y Rusia estarán juntas. Es el inicio de una nueva y gran historia», agregó el dirigente saliente, que fue derrotado en las urnas a inicios de este mes en unos comicios que Georgia no reconoce.

El vencedor fue Alan Gagloev, que el martes pasado juró como nuevo líder sin hacer mención a la consulta lo que, sumado a pocas declaraciones favorables desde Moscú, restan probabilidades a que efectivamente se realice.

“No creo que Rusia sea capaz de apoyarlo, porque ahora están pasando cosas más importantes en Ucrania y tampoco quieren provocar a Georgia, ya que simplemente no tienen suficientes tropas para luchar en un segundo escenario”, indicó Kakachia.

El analista apuntó incluso que el Kremlin movilizó hacia Ucrania a parte de sus 15.000 soldados que tiene estacionados en las bases permanentes que posee tanto en Abjasia como en Osetia del Sur, una de ellas a tan solo 40 kilómetros de la capital georgiana.

Toda esta situación plantea incógnitas sobre la continuidad del llamado “proceso de normalización” que iniciaron Rusia y Georgia tras la guerra de 2008 para estabilizar sus relaciones.

La nación del Cáucaso incluso en un principio decidió no sumarse a las sanciones impuestas por Occidente contra el Kremlin argumentando motivos económicos, aunque esto fue revertido posteriormente tras las críticas de potencias occidentales.

Si bien Georgia es desde hace años un bastión de la oposición rusa en el exilio, al ser uno de los pocos lugares donde los ciudadanos del país pueden permanecer durante un año sin visa, desde hace tres meses se convirtió además en un refugio de aquellos que rechazan la invasión.





Fuente: TELAM