El último Indio: Parkinson, Olavarría, archivo, canciones nuevas y el modo en que Solari siguió presente hasta el final
Publicado: 05 / 06 /2026Los últimos años del Indio Solari tuvieron una textura distinta a la de la leyenda clásica del rock. Menos escenario, más estudio. Menos cuerpo al frente de la multitud, más archivo. Menos recitales, más señales. Pero sería un error leer esa etapa como simple desaparición. En rigor, fue otra forma de presencia: la de un artista que ya no podía sostener físicamente la liturgia de antes y, sin embargo, encontró modos de seguir produciendo música, imágenes y comunidad.
Las señales del cambio empezaron a hacerse visibles mucho antes de la despedida definitiva. Rock.com.ar recuerda que en junio de 2015 el Indio habló con Mario Pergolini y admitió que tenía “una enfermedad malvada” que había que tener en cuenta. La revelación pública completa llegó en marzo de 2016, en el Hipódromo de Tandil, donde anunció que padecía Parkinson. La escena quedó grabada en la memoria afectiva del rock argentino: un hombre acostumbrado a administrar el misterio aceptaba compartir con una multitud una fragilidad íntima y decisiva.
Ese momento cambió para siempre la lectura de sus apariciones. Desde entonces, cada show y cada gesto del Indio estuvieron atravesados por la conciencia del límite. Aun así, todavía quedaba una fecha que iba a entrar en la historia con una mezcla de magnetismo y tragedia: Olavarría 2017. Rock.com.ar consigna que la sensación general era que podía tratarse de su último recital y que esa percepción disparó una convocatoria extraordinaria. Las primeras pericias hablaron de más de 400 mil personas en un predio habilitado para 155 mil. El saldo fue terrible: dos personas murieron asfixiadas en medio de las avalanchas. Con esa noche se cerró, de hecho, la etapa del Indio en vivo ante multitudes.
Pero el final del escenario no fue el final de la obra. Más bien abrió una fase nueva. En julio de 2018 editó El ruiseñor, el amor y la muerte, su quinto disco solista. El detalle que aporta Rock.com.ar vuelve especialmente conmovedora esa producción: las sesiones se extendieron más de lo previsto por las enfermedades del propio Solari y del baterista e ingeniero Martín Carrizo, y se hicieron en su estudio Luzbola de Parque Leloir con los integrantes de Los Fundamentalistas rotando de a uno para grabar sus partes. Ya no había la espectacularidad del estadio; había un trabajo paciente, fragmentario y resistente, casi doméstico.
En paralelo, el Indio empezó a administrar su legado con ojo de archivista. La información recopilada por CMTV muestra que esa última etapa estuvo lejos de ser pasiva. En 2021 estrenó, junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, “Rezando solo” y “Encuentro con un ángel amateur”, además de publicar una versión en vivo de “Strangerdanger”. También liberó dos canciones que para los fanáticos tenían peso de hallazgo histórico: “Quema el celo” y “Rock de las abejas”, temas ligados al universo de Luzbelito que habían quedado afuera del disco pero circulaban en la mitología ricotera.
Ese trabajo con el archivo fue una de las grandes obsesiones del último Indio. Ya no se trataba sólo de componer nuevo material, sino de reabrir capas de una obra inmensa, ordenar restos, exhumar registros y devolverle a su público piezas que durante años habían sobrevivido como rumor o como tesoro de iniciados. En un mundo fanático como el ricotero, esa política del archivo tuvo un valor enorme.
En 2022 volvió a sorprender con otra clase de gesto: difundió la letra de “De los cuadernos del entrerriano”, una canción nueva presentada casi sin aparato promocional. Más tarde aparecieron materiales firmados por El Mister y los Marsupiales Extintos —“Ken Kesey (scherzo)”, “Otra ruta desierta”, “De las ventajas de caminar dormida”— y también un tema bajo el seudónimo de El Cantante Tímido. Era como si Solari insistiera en que la enfermedad no iba a inmovilizar del todo su deseo de experimentar con la voz, los nombres y las formas.
La definición pública llegó en 2023. En una entrevista citada por CMTV, el Indio dijo con franqueza que el Parkinson progresaba y que ya no quería seguir peleando en el escenario. No quería ser, explicó, un artista viejo aferrado a un lugar que ya no podía ocupar como antes. Fue una declaración dura, pero profundamente coherente con su historia. Nunca cultivó la comodidad de la nostalgia automática. Prefirió retirarse antes de degradar el rito.
Sin embargo, retirarse no significó desaparecer. Ese mismo año liberó videos inéditos registrados en River 2000, como “Juguetes perdidos” y “Motorpsico”, y también un registro de “Esto es to-to-todo amigos!” filmado en Tandil 2016. Además lanzó canciones nuevas con El Mister y con Los Fundamentalistas, entre ellas “Amar…Sanar” y “La marcha que les debía”. El último Indio parecía moverse como un curador de su propio tiempo: sabía que cada pieza nueva o rescatada tenía un peso simbólico enorme para su comunidad.
En 2024 se cruzó con Wos en “Quemarás”, demostrando que incluso replegado seguía dialogando con una nueva generación de músicos argentinos. No fue una colaboración decorativa. Funcionó como un puente entre épocas, una señal de que Solari no se había convertido en reliquia sino en una presencia todavía capaz de resonar en otros lenguajes y otros públicos.
También reapareció con fuerza su costado visual. CMTV registra que en 2025 publicó “BRUTTO”, una serie de catorce obras de arte digital realizadas por él. El dato es precioso porque devuelve al principio de todo: el Indio del dibujo, la plástica y la composición visual seguía ahí, activo, incluso cuando la voz y el cuerpo ya trabajaban bajo otras condiciones. El último Indio, en ese sentido, fue también un regreso al origen.
La autobiografía Recuerdos que mienten un poco, publicada en 2019, terminó de completar esa etapa. La tienda oficial la presenta como su primera autobiografía completa y en primera persona, un libro de 863 páginas donde revisa vida, obra, influencias, relación con el público, prensa y enfermedad. No es un detalle lateral. Es parte del modo en que eligió dejar huella: no sólo cantando, sino también narrándose, archivándose y controlando el sentido de su propia leyenda.
Por eso el legado musical del último Indio no puede medirse solamente por la cantidad de shows o de discos. Se mide también por su capacidad para transformar el repliegue en lenguaje. Parkinson, Olavarría, retiro, estudio, pseudónimos, inéditos, arte digital, libro, colaboraciones: todo eso formó una etapa final tan singular como el resto de su vida. Una etapa donde ya no dominaba físicamente la escena, pero seguía interviniendo en la sensibilidad de su público. Hasta el final, a su modo, siguió estando ahí.
