‘La literatura y la política necesitan el secreto, pero también el barullo’

Publicado: 28 / 03 /2022


Gabriela Borrelli Azara es locutora poeta y gestora cultural Foto Daniel Dabove
Gabriela Borrelli Azara es locutora, poeta y gestora cultural. Foto: Daniel Dabove.

Poeta, escritora, locutora y licenciada en Letras por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Gabriela Borrelli Azara analiza obras o trenza lecturas con el mismo entusiasmo con el que explica cómo diseñó el Festival de Poesía Ya o trabajó su reciente publicación «Holter», un libro objeto que contiene un poema suyo y lo despliega en ilustraciones de Carolina Krupnik que van armando un material desplegable en hojas pequeñas construidas en una forma propia que rompe el formato tradicional del libro.

En una conversación a través de Meet, Borrelli Azara asegura que «si lo solemne es una lengua establecida y formal, toda poesía es una tensión para romper esa formalidad lingüística» y esa tensión parece ser lo que prima en su vínculo con la escritura y la lectura como actividades que promueven el encuentro con un otro para compartir lo encontrado en un texto pero también para pensarlo como parte de un plan para explorar el mundo.

Autora de los libros de poemas «Océano» y «Hamaca paraguaya», de la novela «Vidrio» y las recopilaciones de textos y ensayos «Lecturas feministas» que tuvieron dos volúmenes, Borrelli trabaja en el Centro Cultural Kirchner donde impulsa un ciclo de poesía, el premio Storni y una primera edición del Festival Poesía Ya que este verano se expandió en las salas y auditorios de la institución con una propuesta federal que se llevó adelante con talleres, lecturas, canciones, una feria y videopoemas.

-Télam: En un contexto de proliferación de redes sociales y plataformas digitales, «Holter» propone entrar en otro tiempo, otro registro desde la materialidad del libro objeto pero también con páginas en blanco. ¿Cómo fue la propuesta?

-Gabriela Borrelli Azara: Es un poema del 2017 que encontró en 27 Pulqui la forma que tenía que tener. Me gusta la página en blanco, es un lugar de respiro lector. Parece que todo tiene que estar lleno de algo y hay una saturación, entonces me gusta el despojo de la página en blanco. Por eso me pareció muy buena y osada la idea del libro blanco que salió por Seix Barral. El vacío es osado. En «Holter» hay un momento de la respiración donde solo resta el silencio. El órgano es discreto, no te va a decir nada de lo que te pasa. En el momento en el que lo escribí, no estaba el fervor por la medicina, como en la pandemia, pero estaban estas ideas de conocer al cuerpo o escucharlo y la verdad es que no sé qué es lo que le pasa a un cuerpo, no sé cómo se pasa una resaca, un dolor de ovarios. Escuchar a tu cuerpo es una idea que trajo la parte más banal y cosmética del feminismo. El cuerpo, como pensaba Viel Temperley, es un misterio, es lo más desconocido de mi persona. Estoy en lucha con mi cuerpo, la primera lucha es no matarlo. Además, ¿hasta qué punto es propio? Mi cuerpo mi decisión es un lema político y de batalla pero no como concepto filosófico total. Pero mi cuerpo no es mi decisión sino hubiera decidido que el alcohol no me hiciera mal.

Esto empezó porque me fui a hacer un electro y me sugirieron la posibilidad de ponerme un Holter, no tuve la experiencia pero averigüé. No viví la experiencia pero me la imaginé. La idea del corazón roto siempre me atrapa porque el corazón no es el que la humanidad piensa. Después apareció la pandemia. En este caso, el corazón está roto pero no le va a decir nada al cardiólogo. Me atrapa mucho cuando te hacen una radiografía y se ve ahí tu esternón y esa suerte de intromisión al terreno más desconocido. Es material inaccesible.

-T: Escribís poesía, además la impulsás desde la radio y en el último tiempo también pusiste en marcha el Festival de Poesía Ya, ¿cómo fue esa experiencia?

-G.B.A.: Todo poema escrito más que representar un cuerpo crea un cuerpo en la escritura. En el festival quisimos darle mucho protagonismo al cuerpo del poema, hubo algunos nombres rimbombantes como Diana Bellessi, Alberto Muñoz pero vivía en el cuerpo del poema, en las lecturas, en los videopoemas. Hay una gran tradición de festivales de poesía en la Argentina pero en éste queríamos que tuviera esa impronta del poema como protagonista por eso hubo muchas lecturas. Es un espacio para que lean poemas los que escriben, los que editan. Poesía Ya, el ciclo mensual que tenemos en la cúpula del Kirchner y que desemboca en el festival, es un espacio para que lean poemas los que escriben, los que leen, los que editan. Es el encuentro de los cuerpos pero con la idea de darle lugar al cuerpo del poema. A la poesía hay que faltarle el respeto, como decía Nicanor Parra. Si lo solemne es una lengua establecida y formal, toda poesía es una tensión para romper esa formalidad lingüística.

-T:¿Creés que se amplió el circuito de poesía en el ultimo tiempo?

-G.B.A.: Hay un entusiasmo más visible y algo que está sucediendo que es un fervor poético y creo que tiene que ver con una búsqueda de lo poético para llenar lo musical. Es una característica de este tiempo, ese diálogo con la música que escuchan. Buscan la rima, la expresión rítmica de un pensamiento. Eso es super poético. Ese fervor es contaminante. También en estas ultimas décadas hay mucha gente que se toma el tener una editorial como una forma de militar o una identidad política, o una identidad sexual y la publicación es una acción de intervención y militancia. Eso es una tradición en la Argentina.

 Foto Daniel Dabove
Foto: Daniel Dabove.

-T: Sos una armadora de concursos: el premio Alfonsina Storni, el Futurock Novela. ¿Qué te impulsa a llevar adelante esa tarea?

-G.B.A.: Me encantan los premios. La literatura y la política necesitan el secreto, el silencio, pero en igual medida el barullo. Son una maquinaria que se enciende de talleres, estimulo, corrección. Los prejurados son geniales, en el Storni tenemos 13 poetas que son buenísimos. Y en el de Futurock también. Me entusiasman, son los primeros que dicen «no sabés lo que llegó» o especulan y dicen esto parece de tal. Esas conversaciones lectoras me interesan mucho. Mucha gente se compromete a terminar un libro para presentarlo y también siempre es no dejarle todo a los editores, que no sean los únicos que eligen autores. El premio es muchas veces el lugar para sacar autores de otros lados. Como pasó con el primer Storni con Silvia Mellado que tenía un recorrido pero que ahora sin lugar a dudas va a tener otra proyección. Es disputar otro espacio de nombres, de circulación. Pero falta uno de cuentos para visibilizar a cuentistas que es la expresión argentina por definición, hay premios municipales pero falta un gran premio nacional de cuento.

-T: Justamente es un género en el que no incursionaste.

-G.B.A.: No sé escribir cuentos. Hice taller con Alejandra Zina, que es una cuentista genial, pero no tengo el tiempo del cuento. El cuentista vive en un tiempo, escucha un ritmo. Yo pienso en los términos de la novela y la poesía. Me suena ese ritmo.

-T: Volviendo a lo que planteas de literatura y política hay tres autoras que ubicas como las más innovadoras de la literatura argentina: Libertad Demitrópulos, María Granata y Aurora Venturini. ¿Cómo llegaste a ellas?

-G.B.A.: A Granata llegué investigando las peñas Evita, me llegó una foto y me fascinó la anécdota de que los viernes Evita se encontraba en Avenida de Mayo al 300 con poetas para hacer peñas. Busqué y nunca encontré la fecha de su muerte entonces hice la cuenta y dije «esta mujer está viva y tiene como 100 años». Investigando encontré un trabajo de Darío Pulfer sobre ella. Ahí me empecé a fascinar, leí ya 10 novelas de ella. Con Julia Rosemberg estamos tratando de escribir un libro sobre escritoras peronistas. Las escritoras más osadas en los riesgos lingüísticos y ambiciosos de imaginería de la literatura argentina casualmente fueron excluidas del canon más por peronistas que por ser mujeres. No es el caso de Sara Gallardo, Silvina Ocampo o Silvina Bullrich que tuvieron un circuito. Estas tres mujeres fueron biógrafas de Evita, amigas. En el ’55 en la clandestinidad Granata seguía impulsando publicaciones y sus libros son de una fantasía gauchesca tremenda. Por ejemplo, «El éxodo» es sobre una comunidad que tiene que dejar su lugar, se va y en el medio de eso el jefe de esa comunidad viola a una de las chicas. Está narrado sin estereotipos. Tiene una osadía más fuerte en sus novelas que en su poesía. Está viva y en Cañuelas. Es la única poeta viva de las peñas de Eva Perón.

-T: La que de alguna manera está siendo más leída y reconocida es Venturini y ahí se ve lo que implica un premio. Porque la empezamos a leer a partir del premio que gana en Página/12.

-G.B.A.: Claro, ella se rescató a sí misma, se presentó. Ahí otra vez la lectura fina de un prejurado que recibe eso y tiene la sensibilidad de decir esto es una joya. Liliana Viola y Mariana Enriquez leyeron esas hojas mecanografiadas. Con Libertad Demitrópulos pasó que cuando una obra es tan monumental como «Río de las congojas» se impone a través de buenos lectores como fue Ricardo Piglia, por ejemplo. La conocí porque siempre fui muy fanática de Joaquín Giannuzzi que, junto a Roberto Juarroz, son los poetas del pensamiento y una vez un amigo me dijo: «¿vos sabés que la mujer de Giannuzzi es novelista?» y era Libertad. Después la encontré en la serie el recienvenido, de Piglia. Antes una amiga me pasó una novela que recomendaba Diana Bellessi en su taller «Un piano en en bahía desolación», hace 20 años.

Alejada de la radio, Borrelli trabaja en una nueva novela y proyecta la poesía desde el CCK

Gabriela Borrelli Azara (Monte Grande, 1980) pasó por Radio Nacional, Radio Del Plata y AM 750 y su última escala en la radio -hasta el momento- fue en Futurock, donde estuvo hasta el año pasado, y tanto en esos espacios como en su rol actual al frente del área de poesía del Centro Cultural Kirchner, hace primar su pasión por la literatura y la poesía para motorizar conversaciones nuevas que expandan los alcances de lo dicho.

La autora de «Holter» (27 Pulqui) nombra a una autora y va a buscar un libro por el que la descubrió, mueve lo computadora por su casa para encontrar un cargador y estalla en carcajadas cuando habla de frases anquilosadas sobre el cuerpo o sobre la poesía. Ese tono alejado de la solemnidad es el que llevó a los programas de radio en los que estuvo o los que armó. Sobre esa pasión, que hoy habita como oyente, también habla con Télam.

-T: Después de muchos años, te fuiste de Radio Nacional y después de Futurock. ¿Cómo fue dejar de hacer radio?

-G.B.A.: Tener un programa diario de poesía como tuve con Tom (Lupo) era disputarle a la realidad. Lo que está pasando no es solo la realidad de la noticia, es también la realidad de nuestra lengua. Me fui de Radio Nacional cuando me di cuenta que nunca iba a tener un programa en 2018. Me fui con un retiro voluntario. Hubo un recorte, tenía un espacio diario de poesía con Larrea, habían sacado a la locutora y querían que yo hiciera las dos cosas. Además en Futurock encontré un espacio para hacer literatura todos los días. Hice los programas con Pedro Rosemblat y Tomas Aguerre sobre política y literatura que implican un diálogo posible, real, no un espacio fuera del mundo, micro. Extraño la radio. Me fui porque creía que tampoco tenía más para decir diariamente y además se abrían otras posibilidades de hacer cosas como el Festival, escribir y me quise abocar a eso.

-T: En Futurock estuvo tu voz pero también estuvieron tus libros. ¿Cómo fueron esos trabajos?

-G.B.A.: El primero es un libro más de manual, de batalla, es una antología en el que presento autoras y el segundo es más de ensayos sobre constelaciones literarias que armo. No necesariamente son feministas sino que tienen una lectura feminista. Me dedico, por ejemplo, a Armonía Somers, la escritora uruguaya.

-T: ¿Estás escribiendo?

-G.B.A.: Sí, estoy con el proyecto con Julia Rosemberg para reconstruir vidas literarias ligadas al peronismo y una constelación de autoras. Estamos en proceso de investigación. Además estoy trabajando mi segunda novela que va a salir por Club Hem. La empecé en el 2018 y era sobre un virus, le saqué esa parte. Es una organización de mecheras. Me interesa el delito. Estoy por la mitad. Estoy muy contenta de publicar con ellos, me encantan los autores que publican ahí: Ariel Luppino, Agustina Pérez, Mario Bellatín. Somos una comunidad de autores que charlamos mucho, no estamos reunidos solo porque al editor se le ocurrió.

-T: ¿Y la escritura de poesía siempre es un mientras tanto?

-G.B.A.: Sí, siempre aparece en forma más chica pero constante. Siempre estoy trabajando un poema, puedo estar un año con un poema. Ahora estoy con una serie sobre la nieve y los animales.





Fuente: TELAM