Les guste o no les guste somos el nuevo rock ‘n roll

Publicado: 22 / 03 /2022


Wos en Lollapalooza Foto Julin lvarez
Wos en Lollapalooza (Foto: Julián Álvarez)

Entre el 18 y el 20 de marzo se desarrolló la séptima edición del Lollapalooza en Argentina.

Este año, el lineup incluyó una cantidad de artistas de la llamada escena nacional urbana numerosa: Duki, Wos, Acru, Dillom, Khea, Tiago Pzk, Nicki Nicole, Saramalacara, L-Gante, Taichu, Chita, BB Asul, Dani Ribba, Kiddo Toto, Luck Ra, Falke 912, Sael, La Joaqui. No es la primera vez que jóvenes argentinos que hacen hip-hop, trap, cumbia, reggaeton y demás pueblan los escenarios del festival internacional. Sin embargo, el nivel de convocatoria que lograron algunes de estxs jóvenes durante los últimos tres días fue impactante, y permite poner el foco sobre un hecho claro: la propuesta de esta nueva generación no es solo verdaderamente masiva, sino también, diversa y de calidad.

Las figuras más convocantes de la lista son exponentes de la escalada de la cultura del hip-hop, cristalizada en la explosión del freestyle y transformada en el éxito comercial del rap y el trap, aunque difícilmente puedan ser encerradas en cualquiera de esas etiquetas: Duki, Wos, Dillom, Khea, Nicki Nicole, Tiago PZK y Acru. Fue evidente una gran consciencia por parte de todes de que esta edición del Lollapalooza estaría marcada por una nueva legitimación del fenómeno que se gesta desde el 2012 en la Argentina.

Tiago PZK
Tiago PZK

Esta consciencia se manifestó no sólo a través de las palabras de agradecimiento y agite cómplice hacia la gente, sino también en el cuidado y prolijo trabajo de producción de cada espectáculo y la obsesiva atención a la protección de un público enardecido.

Más allá de toda inclinación estética, las presentaciones de estas figuras demostraron un activo interés por generar shows completos, con equipos de trabajo que corren al hip-hop y al trap de las limitadas y prejuiciosas lecturas que de estos géneros se ha hecho. Gracias al acompañamiento de bandas con variadas formaciones, durante todos los espectáculos se generó un sonido que hacía válida una pregunta tan inútil como interesante: ¿Acaso no es rock, esto que estoy escuchando?

El rock como nomenclatura es, a esta altura y de por sí, problemático. Mucho se ha dicho al respecto. Resulta evidente que hablar de rock, hoy por hoy, difícilmente significa hablar sólo de un género musical. Mucho menos de uno con límites claros. Si hay algo que ha trascendido verdaderamente del término “rock”, tiene que ver con el lugar que el rock ha construido y ocupado en la historia de la industria musical. Ha sido rock todo aquello que pateó el tablero de la hegemonía para darle un giro a la historia oficial de la música.

Nicki Nicole en Lollapalooza Foto Julin lvarez
Nicki Nicole en Lollapalooza (Foto: Julián Álvarez)

El rock ha funcionado de los 50 a esta parte como una gran matriz que absorbe todo gesto contracultural, lo oficializa al transformarlo en un subgénero y, eventualmente, lo vuelve mainstream. A título personal, me aventuro a decir que el rock como actitud, es de raíz contracultural y contrahegemónica, con el ADN de la rebeldía jóven que empuja rupturas. Pero, por otro lado, como género musical, es una forma de etiquetar elementos para insertarlos en la industria con mayor facilidad. En otras palabras, la actitud rockera siempre escapa a la hegemonía, mientras que el género rock es desde hace rato parte del canon hegemónico de la industria musical.

En un contexto en el que los defensores de la tradición y las formas de circulación del siglo pasado critican a pibes y pibas que exponen con sus propias palabras las aventuras y los problemas de sus propias existencias, haciendo uso de herramientas que los avances tecnológicos habilitan en el campo de la producción musical y la comunicación ¿qué lugar tienen esas críticas, si esxs mismxs pibes y pibas suben a un escenario y demuestran que su obra puede ser montada con el mismo nivel de trabajo escénico, despliegue instrumental, desempeño vocal y honestidad lírica que cualquier “banda de rock clásica”?
 
Yendo un paso más allá: si las letras son representativas de una nueva voz generacional -como muy evidentemente lo son-, si la propuesta trasciende el éxito inmediato generando un cuerpo de artistas que se reformulan conforme crecen, adoptando rasgos y elementos de otras estéticas, y si todo eso sigue siendo resistido por una parte del statu-quo ¿qué las diferencia, realmente, del rock como actitud?

La Joaqui Foto Diego Izquierdo
La Joaqui (Foto: Diego Izquierdo)

Duki: Estilo descarado y despreocupado, aunque no por eso menos afilado. Duki es el máximo exponente del trap argentino a nivel global, y ya no tiene nada que demostrarle a nadie. Habilidad descomunal para rapear y estabilización de los huecos producidos por la performance del agite trapero a través de la asistencia de Asan y la participación de la gente.
 
Khea: Impecable presentación tradicional del ámbito del trap con buena optimización del aire para agitar y rapear en igual medida. Un inesperado giro con el ingreso de guitarra eléctrica como acompañamiento en la segunda mitad del show, resultando en versiones de sus temas más melódicos que -de ignorar la procedencia del espectáculo en curso- podrían pasar por baladas de algún solista catalogado como rock indie.
 
Tiago PZK: Quizás el mayor despliegue a nivel vocal-melódico que ofreció el trap argentino en el festival. Acompañado por bajo, batería, guitarras, teclado, melódica, su fuerte fue la propuesta R&B apoyada sobre el autotune como herramienta estilística. No faltaron los temas reggaetoneros, elevados por la presencia de invitados como FMK, Lit Killah y Rusherking.

Duki
Duki

Nicki Nicole: hipnotizante voz plasmada sobre r&b, cumbia, pop, y rock acompañada por una banda y un grupo grande de bailarines y bailarinas. Un show ecléctico guiado por una actitud situada en el punto medio entre una cantante de pop y una estrella de trap, que contó con necesario reclamo explícito sobre la violencia de género y una dulce complicidad con el público.
 
Dillom: letras explícitas, crudas, arriesgadas e ingeniosas presentadas con una increíble prolijidad en la interpretación vocal tanto rítmica como melódica. Un gesto punk, un show muy sólido a nivel escénico y sonoro, con un trabajo de luces y visuales fuera de serie, cambios de vestuario, incorporación de poca pero contundente escenografía, sátira a la industria discográfica y una banda que hizo lucir de forma insuperable los arreglos de todos los temas.
 
Wos: un repertorio de temas con alta carga sensible, que configuran un show de innegable honestidad emocional y gran desempeño técnico. Junto a la increíble banda que lo acompaña hace ya 4 años, el joven campeón internacional del freestyle demuestra cada vez más que su propuesta se sostiene con mucha fuerza en una potencia lírica que convoca a miles, y se amolda sin perder brillo a cualquier base instrumental.

Trueno
Trueno

Acru: fiel representación de la cultura del hip-hop underground con un altísimo nivel virtuosismo, un sonido clásico y prolijo, letras directas, y una incansable voluntad de defender a viva voz la investigación y el trabajo de una generación de músicxs nacionales que no hace más que crecer y alentarse.
 
La versatilidad de la escena nacional urbana se vuelve más indiscutible mientras más integrantes se consideren. Elegí describir brevemente la propuesta de las presentaciones más convocantes del festival para dar cuenta de un punto: ya no es posible acusar a ninguno de los géneros que la componen de ser caprichos adolescentes agrandados por la industria del entretenimiento. Hay una diversidad de gestos, una multiplicidad de apuestas y un arduo trabajo que tienen como fruto un fuerte respaldo del público. Un público que ya superó ampliamente el sector de la juventud que gestó el fenómeno.
 
Y no sólo eso, sino que dentro de la música nacional, esta escena parece ser la única que ha hecho un esfuerzo por orientar todas las fuerzas en una misma dirección, trascendiendo la diversidad de etiquetas: hacia la unión de la experiencia contemporánea, la experimentación sonora y las exigencias de las grandes masas.

Lgante Foto Victoria Gesualdi
L-gante (Foto: Victoria Gesualdi)

Creo que todo esto hace mucho menos polémica la frase de Trueno que desató una discusión pública en torno a la relevancia del trap como fenómeno musical cuando lanzó su disco «Atrevido» en 2020: “te guste o no te guste, somos el nuevo rock n’ roll”. Pareciera ser tiempo de invitar a lxs detractores a buscar otros núcleos hacia los que apuntar su artillería.
 
El peligro de tener un público enardecido no es nuevo para la historia de la música en vivo, y en Argentina tenemos más de un caso doloroso (bajo la tutela, vale decir, del mismísimo rock). De alguna forma, un cuidado extremo por el encuentro del público con la música es también una forma de demostrar que quien está arriba del escenario conoce su trabajo y lo asume con responsabilidad. Casi todes les jóvenes argentines que se presentaron en este Lollapalooza lo hicieron de manera casi obsesiva, frenando una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces sus recitales ante la sensación de inminente descontrol.
 
La otra constante de estas presentaciones fue la compañía de otras figuras como invitadas (incluidas y no incluidas en el lineup) y la expresión de un gran agradecimiento y orgullo por estar conquistando un espacio que hace unos años parecía imposible. “Esto era el sueño de un par de pibitos que pensaron que esto era imposible y ustedes lo hicieron posible, los amo” dijo un Duki con ojos brillantes, un par de temas después de abrir su show para más de 100.000 personas. También hablaron de sueños hechos realidad Dillom, Nicki, Tiago, Khea y Acru, cada uno desde su retórica personal.
 

Quizás la más clara síntesis de esta hermandad jóven  que sabe que ha conquistado un espacio gracias a un largo proceso de crecimiento y profesionalización, sean algunas de las barras que escupieron Wos y Acru en el ya clásico segmento de improvisación que el primero incluye en todos sus recitales:
 
Wos
Hay mucho caradura que no encara una
y quieren ver abajo el trabajo que le mete esta cultura
Pero no se callan ni a palos, vamos
¿Somos buenos o somos malos?
No sé, la acomodamos, estamo’ acá.
(…)
 
Acru
qué locura hasta dónde llegó el hip-hop en argentina
ahora hay pibes y pibas que riman en todas las esquinas
latinoamérica entera nos mira
 
WOS:
en su retina entra con la disciplina
rima fina que desliza como tabla en parafina
por eso quiero a todos con la mano arriba
un ruido bien fuerte para la música argentina.





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